Amisi : latin. Del verbo perder en primera persona singular. Pretérito perfecto. Perdí.
Vine, vi...perdi.
Viniste, te vi, te perdí.
No sé, tal vez fue una de esas jugarretas del destino que nos condenan a la insatisfacción o a sufrir. Tal vez sea mi (nuestra) naturaleza que nos impulsa al deseo. Que nos es imposible no desear. Que deseamos lo que no podemos tener.
O talvez, si el destino deja de ser una variable, si nos creemos inalcanzables por el fatum, fueran tan solo nuestras decisiones, nuestras imprecisiones, nuestras voluntades y nuestra pusilanimidad para luchar contra nosotros mismos. Contra nuestras flaquezas y errores, nuestras inseguridades y miedos.
Fue, si es que podemos, no habernos decidido a tener Fe. Fue dudar.
O peor aún, fue creer. Creer que se podía, que nos bastábamos, que eramos cuando en realidad no eramos más que dos idiotas nublados por la pasión o el despecho o talvez simplemente un anhelo demasiado vehemente de sentirnos (o sentirme) confortable, cómodo, bien, très bien à l'aise.
Talvez fue eso, algo de eso, fue todo, por qué no. Pero fue y ya no es. Fue y te vi y te perdí. Y por eso es la frustración, el despecho, la herida, la ira y el desamor los que escriben esto. Porque no me queda más que lamentarme como un perro que se lame su herida. Revolcarme en mi dolor, mi autocompasión, mis lamentos. Lavarme.
Y levantarme. Malgré tout. Sobreponerme al amor a pesar del amor. Vencer la tentación de amarte. Porque vos y yo sabemos que el amor no puede vivir a base de intenciones. Ni de recuerdos... esas cosas matan. Me matan. Como un cuchillo que corta pero evita el sangrado.
Por eso te pierdo. Porque uno no puede esperar vivir con una herida abierta pero que no sangra. Te digo adiós para poder vivir con la cicatriz.
Aunque sacar el cuchillo duela.
Vincam.
Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.
viernes, 1 de enero de 2010
lunes, 14 de diciembre de 2009
Empezar de cero
De cero.
Hoy empiezo de cero. Porque tomé una de esas decisiones que no se pueden dejar de tomar, que tarde o temprano, tomamos, o nos pasan la factura.
Esas decisiones que nos rompen el corazón, pero que evitan que nos rompamos nosotros. Esas decisiones que se toman con los güevos en la mano, el corazón atravesado en la garganta y los ojos desviados, para que no se vean aguados.
Son esas decisiones con las que hacemos tabla rasa, no más, esas decisiones que no permiten mirar atrás, no por un trecho. Porque si no, volveríamos sobre nuestros pasos. Son decisiones de borrar, borrar el pasado, de olvidar todo lo que fue o lo que pudo ser.
Son decisiones para empezar de cero. Levantarse y simplemente, desayunar. Acostarse y simplemente, cerrar los ojos y dormir.
Hay que empezar de cero, como si no pudiera decir "mejor no", "lo pensé mejor". De cero, sólo para adelante.
De cero.
Hoy empiezo de cero. Porque tomé una de esas decisiones que no se pueden dejar de tomar, que tarde o temprano, tomamos, o nos pasan la factura.
Esas decisiones que nos rompen el corazón, pero que evitan que nos rompamos nosotros. Esas decisiones que se toman con los güevos en la mano, el corazón atravesado en la garganta y los ojos desviados, para que no se vean aguados.
Son esas decisiones con las que hacemos tabla rasa, no más, esas decisiones que no permiten mirar atrás, no por un trecho. Porque si no, volveríamos sobre nuestros pasos. Son decisiones de borrar, borrar el pasado, de olvidar todo lo que fue o lo que pudo ser.
Son decisiones para empezar de cero. Levantarse y simplemente, desayunar. Acostarse y simplemente, cerrar los ojos y dormir.
Hay que empezar de cero, como si no pudiera decir "mejor no", "lo pensé mejor". De cero, sólo para adelante.
De cero.
lunes, 30 de noviembre de 2009
La sociedad podrida
Como costarricenses nos hemos acostumbrado a caminar con desconfianza, viendo por encima del hombro, atentos a cualquier persona sospechosa. Ahora, hasta dudamos cuando nos preguntan la hora en la calle.
Tenemos miedo de la delincuencia que nos ataca casi arbitrariamente, la diferencia entre ser víctima o no de un asalto puede ser de segundos o metros. Que si había alguien cerca o no, que si pasó una patrulla en ese instante...o no. La delincuencia se nos presenta entonces como una realidad de la que no podemos escapar a menos que no salgamos de la casa, se supone.
Es peligroso andar en bus porque las paradas, los buses, la calle nos vuelven vulnerables. Es peligroso andar en carro, porque, si no lo tachan, nos rompen la ventana o nos bajan del carro. E incluso, si llegamos a la casa, todavía se pueden meter detrás y asaltarnos.
El costarricense está comenzando a creer que no está seguro en ningún lado. Que sólo armados podemos evitar ser víctimas del hampa. Más y más armas circulan cada día en manos de ciudadanos, más y más vigilantes privados se requieren cada día. El negocio de la seguridad se ha vuelto realmente jugoso. Y obviamente la mayoría se pregunta por qué estamos como estamos. La mayoría.
Porque, peligrosamente, una minoría (espero) no se lo pregunta. Prefiere obviar esa interrogante y pasar de una vez a las "soluciones". El problema es que sin un diagnóstico adecuado, las soluciones pueden pasar a agravar el problema o a crear nuevos sin resolver nada. Me refiero específicamente a la política de "cero tolerancia" o "mano firme" o "mano dura" o como se quiera llamar. No es en efecto nada nuevo, la mayoría de países latinoamericanos experimentan o han experimentado en mayor o menos medida los embates de la delincuencia. Y muchos políticos han llegado ya a la misma ecuación errónea: + policías + cárceles + convictos + ciudadanos armados = - delincuencia. La realidad es menos simplista y más preocupante.
Pocos países, talvez ninguno, han logrado reducir la delincuencia a través de la represión. O el fuego no se combate con el fuego. Es simple, si el número actual de policías se ha visto desbordado por la delincuencia no es simplemente porque la población crezca, es porque la delincuencia se ha convertido en una opción atractiva para un gran número de jóvenes que se sienten excluidos de la sociedad de consumo, que se debaten entre su pobreza, la cultura que insta a consumir y la posibilidad que los otros sí tienen de consumir. Los delincuentes ven como injusto que todos puedan consumir y comprarse cosas mientras ellos no pueden. Es lo que se llama el resentimiento social y por ende se rebelan contra esa sociedad que los ha excluido, que no sienten como propia.
Esto sin embargo no es solo propio de las personas en situación de pobreza. En efecto, todos sentimos en algún momento envidia de lo que él otro tiene y nosotros no, sin embargo, gracias a una educación, a los valores aprendidos en casa, el clima afectivo adecuado, la mayoría no robamos porque sabemos que no es correcto que lo correcto es estudiar, trabajar, esforzarse. Los jóvenes que caen en la delincuencia no saben esto o no lo entienden de la misma manera y lo que es peor no hay nadie que les pueda transmitir estos valores. Así un hogar desintegrado se convierte en el primer obstáculo para que el jóven aprenda los valores de la vida en sociedad, si además, nadie le enseña nunca que la educación, valga la redundancia, educa, y además se ve bombardeado por una cultura que le insta a consumir, es fácil comprender por qué el jóven se siente rápidamente frustrado y excluido, encerrado en un círculo de desesperanza, sin perspectivas a futuro, sin ambiciones honestas. La delincuencia se convierte rápidamente en una manera de obtener lo que uno quiere sin tener que esforzarse demasiado y aparentemente sin consecuencias.
En efecto, no su sociedad la que destruyen a través de la delincuencia, no es su tranquilidad ni su paz la que es robada. Pueden terminar en la cárcel, pero lo triste de la exclusión en la que viven es que el cálculo entre el costo y los beneficios de la delincuencia no representa lo mismo para un jóven que de por sí, no tiene ambiciones, o para un jóven que estudia, que quiere ser profesional y formar una familia.
Y de ahí el título, la delincuencia no es una causa de la inseguridad ciudadana, por el contrario, es una consecuencia de la inseguridad a la que tantas personas han sido sometidas por mucho tiempo. Inseguridad al no saber si habrá comida mañana, inseguridad al no saber si los niños podrán ir a la escuela, inseguridad al no saber si al final del mes habrá trabajo.
La delincuencia es el síntoma de una sociedad que ya no es una sociedad, que lentamente, se pudre, se deshace, se destruye sola. La delincuencia es la sublevación espontánea, la revolución silenciosa de los marginados, de los excluidos. No son ni siquiera "los de abajo" los que se manifiestan, si no, "los de afuera", los que ya no se sienten parte de una sociedad excluyente, que cada vez separa más a los ricos de los pobres y que como una liga demasiado estirada, termina por reventarse. Y se revienta siempre por el medio.
En efecto, es la clase media la que siente las consecuencias de esta delincuencia. Los ricos pueden pagar seguridad, alarmas, carros blindados...etc. La clase media debe simplemente confiar en la policía para que los proteja. O armarse. Pero tristemente la policía oscila entre esa delgada línea que separa al policía del delincuente. Las armas no sirven de mucho, porque el día que todos tengamos armas cortas para protegernos, vendrán los delincuentes con armas largas, cuando todos tengamos chalecos antibalas y carros blindados, ¿veremos delincuentes con bazookas? ¿o simplemente ya no los veremos porque no saldremos más a la calle? Y cuando tengamos más policías, ¿vamos a atiborrar las cárceles de ladronzuelos y asaltantes? Cuando las cárceles se llenen, ¿construiremos cárceles y cárceles hasta el infinito?
¿O cambiaremos la mano firme que golpea por la mano abierta que ayuda? Porque no es mi intención justificar a los delincuentes, yo no disfruto ser asaltado. Pero hay que atacar el problema en sus raíces, hay que dar esperanza a los jóvenes que se ven tentados por la delincuencia, hay que buscar reducir la brecha social para recuperar la cohesión de la sociedad. No podemos contentarnos con una solución simplista como la represión que al final solo puede empeorar el problema. Tenemos que garantizar una redistribución equitativa, que el que más puede dar, dé más, que el que más necesita reciba más. Y evidentemente, que al final no se quede en los bolsillos de burócratas corruptos u ociosos por presupuestos mal ejecutados. Tampoco se puede tolerar un sistema en el que los ricos se hagan más ricos mientras más y más es excluida de la sociedad de consumo. O, en otras palabras, los condominios millonarios no pueden estar creciendo al mismo ritmo que los precarios.
martes, 10 de noviembre de 2009
Porque vos
Esto es porque vos sos.
Vos sos y como sos, sonrío.
Vos sos y la que sos, me intriga.
Vos sos, sos, malgré.
Sos, sos, y si no fueras, hoy talvez no sonreiría tanto. Sos y si no fueras, hoy talvez no me sentiría así.
Así, tan feliz, tan alegre, tan optimista, seguro, suertudo. No sentiría hoy que el destino me hizo un guiño, no sentiría hoy que la lluvia no solo moja, no sentiría hoy que el sol tan solo refleja tus ojos.
Porque vos sos esa que...que. Que tiene eso, aquello, ese algo. Algo como tu sonrisa, algo como tu mirada, algo como tu pelo tornasol, algo como nuestras manos...
Porque para mi, vos sos.
Vos sos y como sos, sonrío.
Vos sos y la que sos, me intriga.
Vos sos, sos, malgré.
Sos, sos, y si no fueras, hoy talvez no sonreiría tanto. Sos y si no fueras, hoy talvez no me sentiría así.
Así, tan feliz, tan alegre, tan optimista, seguro, suertudo. No sentiría hoy que el destino me hizo un guiño, no sentiría hoy que la lluvia no solo moja, no sentiría hoy que el sol tan solo refleja tus ojos.
Porque vos sos esa que...que. Que tiene eso, aquello, ese algo. Algo como tu sonrisa, algo como tu mirada, algo como tu pelo tornasol, algo como nuestras manos...
Porque para mi, vos sos.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Aquel verano
Aquel maldito verano. Maldito
por tu amor, maldito porque
toqué el cielo, todo lo perdí.
Aquel hermoso verano. Hermoso
de libertad y lucha.
fuimos libres, gritamos al viento.
Cerramos los puños, abrimos los brazos
como hermanos reímos. Reímos y reímos,
porque en la lucha, nos liberamos.
Maldito verano, te extraño.
Me diste vida, me diste alegría.
Nací de nuevo en aquel verano.
Y morí cuando el sol empezó a salir menos.
Morí cuando todo se hizo más frío.
Morí cuando le tuve miedo a la realidad.
Morí, hoy, solo camino, pero muerto al fin desde aquel verano.
por tu amor, maldito porque
toqué el cielo, todo lo perdí.
Aquel hermoso verano. Hermoso
de libertad y lucha.
fuimos libres, gritamos al viento.
Cerramos los puños, abrimos los brazos
como hermanos reímos. Reímos y reímos,
porque en la lucha, nos liberamos.
Maldito verano, te extraño.
Me diste vida, me diste alegría.
Nací de nuevo en aquel verano.
Y morí cuando el sol empezó a salir menos.
Morí cuando todo se hizo más frío.
Morí cuando le tuve miedo a la realidad.
Morí, hoy, solo camino, pero muerto al fin desde aquel verano.
lunes, 19 de octubre de 2009
Gato escaldado del agua fría huye
Ilusión. Ilusión de que algo nos espera adelante. Desilusión. Desilusión de que nunca llegamos adelante.
Conclusión, el presente fue futuro. El presente es una mierda. El futuro será una mierda.
Vivimos con la ilusión de que lleguemos a ese punto de quiebre determinante. En realidad, lo único que se quiebra es el ánimo, las ilusiones y toda esa panoplia de materia espirituosa.
Vivimos (mi ego y yo, supongo, porque hablo a título personal) pensando que somos un poquito mejores de lo que en realidad somos.
Pero el futuro nos permite no tener que saberlo. Nos permite vivir creyendo o creer viviendo que sí lo somos, en realidad, que sí somos, algo, alguien.
Pero la verdad, el miedo es más grande, la estupidez también, y sobre todo, más fácil.
Conclusión, el presente fue futuro. El presente es una mierda. El futuro será una mierda.
Vivimos con la ilusión de que lleguemos a ese punto de quiebre determinante. En realidad, lo único que se quiebra es el ánimo, las ilusiones y toda esa panoplia de materia espirituosa.
Vivimos (mi ego y yo, supongo, porque hablo a título personal) pensando que somos un poquito mejores de lo que en realidad somos.
Pero el futuro nos permite no tener que saberlo. Nos permite vivir creyendo o creer viviendo que sí lo somos, en realidad, que sí somos, algo, alguien.
Pero la verdad, el miedo es más grande, la estupidez también, y sobre todo, más fácil.
Somos idiotas
"Amor se llama el juego..." dice Sabina.
Un juego como ruleta rusa. Un juego donde no hay ganadores, solo no-perdedores. Un juego del que nadie conoce las reglas pero todo mundo las sigue.
Un juego en el que gana el que menos juega. Un juego en el que más se mete más pierde. Un juego potencialmente peligroso, extremadamente doloroso.
Un juego donde la victoria es efímera, las cicatrices perduran.
Un juego que todos jugamos, esperando ganar, esperando no lo improbable, lo imposible. Un juego donde el premio es la rutina.
Un juego que no podemos no jugar. Por eso somos idiotas.
Un juego como ruleta rusa. Un juego donde no hay ganadores, solo no-perdedores. Un juego del que nadie conoce las reglas pero todo mundo las sigue.
Un juego en el que gana el que menos juega. Un juego en el que más se mete más pierde. Un juego potencialmente peligroso, extremadamente doloroso.
Un juego donde la victoria es efímera, las cicatrices perduran.
Un juego que todos jugamos, esperando ganar, esperando no lo improbable, lo imposible. Un juego donde el premio es la rutina.
Un juego que no podemos no jugar. Por eso somos idiotas.
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