"Amor se llama el juego..." dice Sabina.
Un juego como ruleta rusa. Un juego donde no hay ganadores, solo no-perdedores. Un juego del que nadie conoce las reglas pero todo mundo las sigue.
Un juego en el que gana el que menos juega. Un juego en el que más se mete más pierde. Un juego potencialmente peligroso, extremadamente doloroso.
Un juego donde la victoria es efímera, las cicatrices perduran.
Un juego que todos jugamos, esperando ganar, esperando no lo improbable, lo imposible. Un juego donde el premio es la rutina.
Un juego que no podemos no jugar. Por eso somos idiotas.
Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.
lunes, 19 de octubre de 2009
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