Llueve adelante, llueve atrás, y sin embargo corremos. Es paradójico. Huimos de algo que ya está delante nuestro.
Y según nosotros nos mojamos menos.
Por eso, sin paraguas y con aguacero, camine. Camine tranquilo porque igual se empapa. Eso forja el caracter.
Caminar con esas gotitas frías que se deslizan por toda la espalda, tieso por la ropa que pesa montones. Es un ejercicio de paciencia.
Es como quererte, un ejercicio de paciencia. Es caminar, porque corriendo, llegamos al mismo lado.
Es saber disfrutar cada gotita fría que me soltás en la espalda. Es aguantarse el peso de la ropa que empapás.
Porque cuando llego adentro (tan empapado como el que corrió) se siente más rica el agua caliente y la ropa seca.
Por eso camino cuando llueve...o ando paraguas.
Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.
lunes, 27 de julio de 2009
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