Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.

martes, 9 de junio de 2009

Virulento.

De vez en cuando, aunque ultimamente no me pasaba (hace mucho), me voy por ese lado virulento de mi fe.

No esperen nada coherente.

Hoy no estoy para ser coherente. Hoy es uno de esos días en los que uno flota. En los que uno solo está en el espacio, a través del tiempo, pero no está ahí.

De esos días en los que uno debería solo dormir.

Pero no, no duermo, pienso. Pienso y me frustro. Resulta que yo soy un hombre de Fe.

Tengo, ante todo, una gran Fe en la Humanidad. Pero es Fe. Ciega, irracional, injustificada.

Y cuando pienso me doy cuenta que tan grande es mi Fe. En efecto, me doy cuenta de que talvez, no somos nada. Estamos aquí para ser nada, y sin embargo, nos vemos acechados por esa ambición de "hacer algo". De ser inmortales a través de nuestras obras. Y nos da miedo no ser nada. Ser intrascendentes.

Pero entonces tenemos que aguantar. Respirar y darnos cuenta de que no estamos hechos para grandes cosas. Estamos hechos para pequeñas cositas. Del tamaño humano. Del tamaño vos y yo.

El sentido de la vida no hay que buscarlo adelante. Sino viendo hacia abajo, hacia el lado. Trillado, pero no es adonde vamos lo que importa, lo que importa es el camino, y con quién lo hacemos.

La vida no es una línea del punto A al punto B. No es vivir bien para llegar al otro lado. Es vivir bien para no lamentar que no hay ningún otro lado. No podemos pretender trazar la línea de la rectitud moral desde el punto A al punto B, de nuestra concepción a nuestra muerte.

Al contrario, debe ser simplemente una yuxtaposición de eventos tan oscilante como se quiera, tan diversa como se pueda, el tiempo es corto y no se devuelve.

La vida es una función biyectiva.

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