CREYENTE 1: Yo tengo un dios. Es un hipopótamo con la cabeza al revés. Él no se enoja porque escriba la palabra "dios" con minúscula.
CREYENTE 2: Mi Dios dice, y como él lo dice es La Verdad Absoluta (palabra de Dios), que el dios hipopótamo-con-la-cabeza-al-revés es un farsante, hereje blasfemo que arderá en el infierno por toda la eternidad.
CREYENTE 1: Mi dios es real, para mí, porque yo creo en él. Vos podés creer en tu dios, no importa, es tuyo.
CREYENTE 2: Sólo mi Dios existe, si no creés en él, sos un persona terrible y te vas a quemar en el Infierno por toda la eternidad. Arrepiéntete ahora y arrodíllate a alabarlo.
CREYENTE 1: Mi dios no me pide que me arrodille, no me prohibe que me arrodille. No me tengo que arrodillar, si no quiero. Mi dios no tiene problemas de autoestima, no necesita que yo me humille para que él se sienta bien. Mi dios es un hipopótamo con la cabeza al revés y a él en realidad no le importa si yo le ruego o no porque él me dice que, como no existe, no puede hacer nada.
Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.
domingo, 2 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)


No hay comentarios.:
Publicar un comentario