Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.

lunes, 2 de julio de 2007

90 minutos en el Poder Judicial

Hoy pasé una hora y media en el Poder Judicial. Tenía que hacer un reconocimiento del tipo que me asaltó. ¡Qué experiencia! Sentado en una silla esperando a que me llamaran no podía evitar hacer un poco de analisis sociologico que sin embargo no dio muchos frutos. Empero, no pude evitar pensar en un amigo sociologo que hubiera encontrado decenas de objetos de estudio en esa sala de espera, así como no pude evitar pensar que al menos era mejor tratar con la ley en una fiscalía que en un Centro de Detención de Inmigrantes, como otro amigo.
Cuando despues de media hora de espera (yo había sido puntual como reloj suizo) me llamo la asistente del fiscal, no hizo más que pedirme la cédula y mandarme de nuevo a sentarme. En este punto empezaba yo a molestarme con la burocracia. En especial con el abogado defensor que estaba atrasado( al final resultó ser abogada). Después de algo que me pareció una eternidad, cuando mi papá y yo comenzábamos a intercambiar comentarios sarcásticos sobre la burocracia, por fin me volvieron a llamar para que pasara. Describir al asaltante requirió un gran esfuerzo por parte mía para bueno, plasmar los rasgos de un tipo que en todo era bastante parecido a cualquier otro Jonathan o Maikol o "Caremalo" que se pudiera encontrar uno en la calle. Y confieso que además no disfrute las anécdotas que la defensora, una abogada peliteñida que se acercaba a los 40 y aún se empeñaba en creerse de 20, me contó, a mí, a su celular y a todos los asistentes de fiscal, imputados y ofendidos que llenábamos la oficina común de la Fiscalía del segundo circuito judicial(menos la de un "virus intestinal").
Y así se cumplió la primera hora. Los últimos 30 minutos fueron peores, y duraron el doble.
Bajé a los sotanos del Poder Judicial acompañado de 3 mujeres: la defensora, la fiscal y su asistente, lo que me hizo notar que la Fiscalía estaba en su mayoría llena de mujeres.
Me llevaron hasta una esquina de los sótanos donde detrás de un portón de malla de ciclón se leía "Celdas - OIJ". Sinceramente era deprimente. Pasamos el portón y me dijeron que esperara junto a unos basureros acompañado por la Fiscal. Al ver lo precario de las Celdas surgió en mi una inquietud que creció pasando a ser temor, miedo y de ahí al pánico. Esto porque lo sucio de ese lugar me hizo dudar sinceramente de si tendrían un vidrio espejo para los reconocimientos. Sinceramente creí que me los iban a traer para que los reconocería a una distancia de 10 metros.
Empecé a sudar. Me trataba de hacer el valiente. Me decía que había que ser fuerte. Por fin hice lo más sensato. Le pregunté a la fiscal si ellos me iban a ver. Me dijo que no. "Esto es como en las películas". Respiré aliviado. Por primera vez noté el olor a pobredumbre que emergía de los basureros. Horrible. Pero tranquilizador.
Después de una larga espera, o más bien de otra larga espera, por fin me pasaron por un antro oscuro y me llevaron a un cuarto desde donde se podía ver otro pequeño cuarto, precariamente construido con paredes de plywood, donde tres tipos gesticulaban contra su reflejo.
Fue un momento bastante incómodo, a pesar de que no me podían ver, pero reconocí al sujeto y salí. Huí de ahí. Huí hacia el sol, hacia la luz, a escapar del olor a pobredumbre.
Fue una experiencia que la verdad no quisiera repetir.

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