Cuando uno camina bajo la lluvia corre el riesgo de estar expuesto durante un largo tiempo a los elementos.
Se empapa, es incómodo, pero además corre el riesgo de enfermarse.
Y no vivimos en época de enfermedades, vivimos en una época donde todo debería ser aséptico.
Vivimos en una época donde deberíamos correr bajo la lluvia, donde no deberíamos nunca aprender a caminar.
Porque aprender a caminar bajo la lluvia es muy peligroso, aprender a aguantar las gotitas frías es muy doloroso.
¿A quién le importa si las duchas se disfrutan más luego de una empapada buena? Yo igual las disfruto cada mañana.
Corramos bajo la lluvia, es más lógico. Caminar solo forja el carácter, y en este mundo, el carácter está de más.
Así, corramos, entreguemonos voluntarios al futuro inevitable, huyamos del pasado que nos espera adelante. Porque, total, de la lluvia nunca se escapa, y todo mundo se empapa.
Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.
martes, 29 de septiembre de 2009
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