Vos y yo sabemos que no no lo creemos.
Yo sé, como nunca he sabido, que sí.
El sí más rotundo y categórico que he dado.
El sí que ni siquiera mis dudas me han arrancado.
Mis dudas.
Jovencita católica
(que asume todas las responsabilidades del caso)
Relativamente casera.
Jovencito ateo, que asume las responsabilidades que le convienen.
Algo borracho, de moral laxa.
¿Como llegamos a esto?
¿Como puede ser que de todas las piedras
debajo de las cuales se pudo esconder el amor
escogiera la más grande, dura y pesada?
¿Fue acaso el deseo del otro?
¿Fue el impulso desesperado de un hombre frustrado?
¿Un suicidio sentimental?¿Ahogamiento emocional?
¿Sos acaso la ola que se lleva a los ahogados de la playa?
Sos la felicidad, sos mi tabla para flotar.
Sos el sol que ilumina cada mañana
y la que cada mañana el sol ilumina.
Sos ese cable del que cuelgo,
ese cable mortal, del que ni me suelto
ni me tengo, no me quiero matar.
Fue talvez un impulso contra el hedonismo,
o, talvez, un mensaje dívino. Fue, sobretodo,
un Sí, sobre toda duda, sobre todo.
No, no somos el uno para el otro y por eso,
somos el uno para el otro.
Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.
lunes, 4 de mayo de 2009
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