Odiame. Odiame porque yo quise amarte, pero no pude. Lo intenté, de veras. Yo creía hacer el amor con vos. ¿Lo que cuenta es la intención?
Pero no. No pude y yo sé (talvez siempre supe) que no te puedo amar. Yo soy yo, huyendo siempre de la frivolidad, o al menos, pretendiendo hacerlo.
A vos la frivolidad siempre se te ha dado bien. Talvez, si hubieras escogido otro camino (mi mamá dice que nosotros escogemos hasta de quien nacimos) te podría amar.
Pero hoy no soporto saber que estar junto a vos sería encerrarse en un mundo mitad burbuja, mitad casita de naipes.
No. No quiero que un día esa casita se derrumbe mientras vos y yo paseamos adentro. O peor, que nunca se derrumbe y vivamos por siempre en ese mundo rosa impoluto que solo es perturbado por las tragedias ajenas. Esas tragedias que nos llaman a la caridad, pero que agradecemos porque son ajenas.
Tranquila, yo sé que vas a estar bien. Arréglate, posa para la foto, poné cara de que sos la persona más feliz de todo el planeta solo por estar ahí y creete que sos feliz.
En la burbuja todo va a estar bien. Las amarguras no son más que tribulaciones de la vida cotidiana.
Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.
sábado, 7 de febrero de 2009
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ya se ven asomos de tejido cardiaco... bien
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