Como si nadie leyera esto, como si esto hubiera sido guardado en hojas sueltas en un cajón oscuro, como si esto siguiera siendo esa oscura idea en mi cabeza. Yo, Gabo, sin más.

domingo, 15 de marzo de 2009

Yo podría

Yo podría, en mi frustración, imaginarme que no siento lo que siento.
Incluso, podría convencerme de que no siento lo que siento. Podría decirme mil veces que no. Que es un capricho, que es una tontería, que es simplemente una ilusión mía que me gustaría fuera verdad.

Pero no puedo hacer eso.

Lo pensé. De veras lo pensé. Incluso estuve a tres suspiros de creerme mi propia farsa.
Desgraciadamente no soy tan tonto. ¡Evidentemente! Si lo fuera, no estaría en este dilema.

No. Porque si fuera tan tonto no te hubiera visto.

Fui más que tonto, antes, porque yo logré creerme mi propia mentira (y soy un buen mentiroso).

Sin embargo, pero, no obstante, hoy no me la creo. Hoy sé, hoy estoy seguro. Hoy creo que este ardor que siento en el pecho es inconfundible.

Sí, hay campo para la inseguridad, pero creo que simplemente decidió no dejarse sentir.

¿Me habrías visto escribiendo esto por vos?
No. Nunca. Y sin embargo hay algo en vos que no me deja quedarme callado. Más bien, no quedarme callado me evita que no me rompa la cabeza contra una pared. Te lo juro, de vez en cuando me dan ganas, cuando me siento impotente ante la fatalidad de las cosas.

Podría entonces evitarme todo esto (incluyendo haber escrito esto) si simplemente me dijera suficientes veces, como un mantra, "vos no me gustás", "vos sos un capricho". "Hélas!" No puedo. No puedo decirme mentiras así.

Porque, como te decía, me encanta despertarme en las mañanas con esa ilusión...

Pero entonces, solo queda mi frustración...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario